La música siempre ha sido uno de los elementos
principales en la formación de la cultura, y a su vez, indudablemente
interviene en la constitución de costumbres y tradiciones, pues éstas son
manifestaciones del aspecto emotivo del hombre.
En tal sentido, debemos decir que los miembros más
jóvenes de la sociedad son los más expuestos a las influencias, a tal punto
esto es así, que los adolescentes, por ejemplo, fundan su identidad a través
del vestuario, el peinado, el lenguaje, y la música. Asimismo, los jóvenes, que
se movilizan en grupos, forman a partir de dichos elementos sus patrones de
conducta. En los grupos en los cuales el elemento de unión es la música, las
creencias se generan a partir de ella. Ella es la que fija la forma de
vestirse, de peinarse, de moverse, de hablar. Este conjunto de ideas construye
la identidad de ese grupo de pertenencia. Por eso es que la población joven y
adolescente es la que adquiere mucho más material discográfico o es la que más
concurre a recitales.
En un mundo que tiende a la homogeneidad extrema, la
música parece ser una alternativa para mostrar alguna diferencia: ser original,
independiente o rebelde, e ir contra la corriente. Quizás en busca de una
identidad distinta a la de padres, o quizás, sólo ocupar el tiempo libre, o
ahogar el sentimiento de soledad, y encontrar personas en quienes ampararse
ante las exigencias del sistema.
El hecho es que una de las actividades más frecuentes de
los adolescentes es escuchar música. La música une a individuos de puntos muy
diferentes del mundo.
El mercado
Esto no es ignorado por las compañías discográficas, que
conocen el mercado. Por eso, los medios juegan un rol importante que utilizan
estas compañías para difundir la nueva música y nuevos artistas.
La integración de las personas a grupos o sociedades se
realiza por medio de la socialización, donde adquieren la cultura y, una vez
integrados, actúan o se comportan según las normas y otros medios usados por el
control social. La música es uno de los conectores que desempeña esa
función.
En toda época y lugar, han existido, existen y existirán
personas y grupos que se aíslan, apartan, rechazan o violan las normas del
comportamiento social en un mayor o menor grado, es decir, no se adaptan a
tales normas, produciendo una desviación, una anomia. Por tanto, la importancia
de la música como punto de conexión radica en la influencia, que ésta tiene en
los jóvenes y adolescentes, entre 13 y 17 años.
A todo esto, se ha determinado, mediante una serie de
factores en el ámbito psicosocial, referentes a la influencia de la música en
los adolescentes, que la música es un elemento cultural muy adoptado por las
nuevas generaciones, muchas veces, debido al contenido violento y degenerador
que contiene, tanto en la música, y a veces en las letras, y como una manera de
expresar sentimientos de rebeldía, rabia y tristeza en el joven.